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La primera palabra
El nadador olímpico

Cuando escribo esto, la humanidad está pendiente de las Olimpiadas de Sydney. Hoy han dado por la tele algunas pruebas de natación. Me admiro,
porque por sólo unas décimas de segundo, un nadador resulta vencedor. ¡Sólo unas décimas!.

Pero sé que, para alcanzar esa pequeña ventaja se han necesitado horas y horas de entrenamiento. Un día y otro, un año tras otro. Según un nadador, él entrena ocho horas cada día y se tiene que privar de muchas cosas. Tanto esfuerzo hace que en cuatro años logre nadar unas décimas de segundo más deprisa. Y esas décimas le han dado la victoria.

Pienso que cada esfuerzo tiene su premio, aunque no se entere nadie. A nosotros también nos pasa lo mismo cuando cumplimos con nuestra obligación. Y nuestra obligación es el estudio. Somos como los nadadores que nos pasamos horas y horas en la escuela haciendo deberes y escuchando con atención. Un día tras otro, una hora tras otra. Nuestro premio es un gran tesoro: no sólo las notas, sino la alegría de nuestros padres y educadores y de todos aquellos que nos quieren. También nuestra propia alegría. ¿Y hay mayor tesoro que la alegría?.

Palabra de Dios
Palabra de Dios

“El atleta se abstiene de muchas cosas y todo, para ganar un premio que dura poco, pero nosotros hemos de luchar para ganar un premio que durará siempre”
(1Cor 9,25)

Oración
Oración

Señor Jesús,
ayúdame a hacer bien mi trabajo
sin esperar nada a cambio.
Que trabaje por la simple alegría
de la satisfacción personal y el bien de los otros.
Y por amor hacia Ti,
que me acompañas en mi tarea.
Amén.