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Padre Nuestro, queremos ser familia
Érase una vez un atleta muy feliz

En un país no lejano vivía un atleta feliz. Tenía un entrenador de fama y unos compañeros siempre dispuestos a echarle una mano. Los días trascurrían felices, comentando con ilusión las competiciones deportivas: tanto las marcas obtenidas como los objetivos a conseguir.
Sin embargo la fama se le subió a la cabeza y pensó que no tenía necesidad de tanto esfuerzo. Así, pues, desde aquel día comenzó a modificar sus hábitos: se levantó más tarde, faltó a los entrenos, fue por las noches a la discoteca y no hizo mucho caso de la dieta.
Los resultados fueron un desastre. Los compañeros se dieron cuenta y le animaron a ponerse otra vez en orden. El entrenador tampoco lo dio todo por perdido.
Las razones que dio el atleta eran que la vida era muy monótona y pesada, pero no se daba cuenta de que había caído también en la monotonía, aunque de otro tipo. Antes tenía que realizar un duro esfuerzo, pero ahora la pereza invadía sus horas y sus días. El aburrimiento se fue apoderando de él y ya no tenía ganas de superarse. Apenas le quedaba tiempo para ninguna ilusión.
El entrenador dejó al equipo para ir en busca de él. Al verlo llegar, el atleta sintió vergüenza, pero el entrenador le dio un fuerte abrazo animándole a regresar. Al final se dejó convencer y de vuelta, su corazón se llenó de alegría, comenzó a hacer proyectos y a soñar en nuevos récords.    

Para ser un buen atleta hay que decir no a muchas cosas: la pereza, la rutina, la bebida, al peso. Hay que decir no a todo lo que nos distrae y nos hace incapaces de luchar. En el camino que se  abre ante nosotros hay que dar un sí firme a la atención en clase, al estudio, al silencio durante las explicaciones, a la puntualidad, al trabajo de cada día... Sin duda los récords no tardarán en llegar.

Palabra de Dios
Poned empeño en afianzar vuestra elección

“Poned el mayor empeño en añadir a vuestra fe la virtud, a la virtud el conocimiento, al conocimiento la templanza, a la templanza la paciencia activa, a la paciencia activa la piedad, a la piedad el amor fraterno, al amor fraterno la caridad. Pues estas cosas, si las tenéis en abundancia, no os dejarán inactivos ni estériles para el conocimiento perfecto de nuestro Señor Jesucristo. Y quien no las tenga es ciego y corto de vista, ha echado al olvido la purificación de sus pecados pasados. Por tanto, hermanos, poned el mayor empeño en afianzar vuestra vocación y vuestra elección. Obando así nunca caeréis. Pues así se os dará amplia entrada en el reino eterno de nuestro Señor y salvador Jesucristo” (2P 1, 5-11).
 

Oración
Oración

Padrenuestro
Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad,
en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
Amén.

Avemaría

Dios te salve, María,
llena eres de gracia;
el Señor es contigo;
bendita Tú eres entre todas las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios,
ruega por nosotros, pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte.

Gloria
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.
Amén.